Concurso Relatos Breves de TMB

Hola a tod@s! Después de un tiempo muy ocupado por fin puedo traeros el relato con el que me he presentado al Concurso de Relatos Breves (3500 caracteres con espacios) de TMB. La temática evidentemente está marcada por las normas (tiene que desarrollarse o tener que ver con algún transporte de la compañía). Pues bien este fue el relato que decidí presentar finalmente (tenía varias propuestas pero esta fue la que más me gustó) y hoy os la traigo aquí para compartirla con todo el mundo.
Últimamente me he centrado mucho en reescribir mis obras, editando muchas cosas, y haciendo cosas nuevas como esta, presentarme a concursos y certámenes de dimensiones menores que no me impliquen meses de trabajo porque hoy por hoy no tengo tiempo para ello con estudios, trabajo y de más. Espero de corazón que os guste, iré compartiendo en el blog los diferentes escritos con los que me presente a concursos y tal y bueno ojalá algún día gane algo y sea el empujón que me hace falta para explotar como escritor. Siento no poder dedicar más tiempo al blog pero espero que algún día valga la pena.
Aquí os dejo el relato, se titula: Empieza por el espejo.

“La más básica de las necesidades humanas es entender y ser entendido. La mejor forma de entender a la gente es escucharlas.-Ralph Nichols.”
Miles de personas utilizan el Metro de Barcelona diariamente, miles de historias pasan se cruzan con otras pero rara vez nos paramos a observarlas. Aquél fue un día más para muchos, pero no para Matilda. Estaba a tres paradas de Navas cuano una llamada lo cambiaió todo. Era su hermano que le llamaba desde su Argentina natal, su madre, enferma de cáncer, había fallecido. Matilda se quedó impertérrita, no podía asimilar la noticia. Una vez volvió en sí misma marcó a Eva, su pareja, para darle la noticia y, quizás, encontrar algo de consuelo.
Un seco “¿Qué quieres?” empezó la conversación, Matilda, entre tenues sollozos, le explicó lo ocurrido y ante la pasividad de Eva le espetó un “¿Es que no vas a decir nada?” pero el silencio de Eva continuaba y Matilda no pudo aguantar más lágrimas y de pronto Eva rompió su silencio con un suspiro y unas palabras que Matilda nunca olvidaría: “Lo siento, de verdad, pero yo no puedo más con esto, haces un mundo de todo y eres incapaz de aceptar las cosas. Tu madre llevaba más de un año con cáncer, toda tu familia estaba más que preparada para esto, menos tú claro, tú siempre te evades hasta que ocurre y me toca consolarte. Pues ya está, sé que no está bien hacerlo así pero ya no puedo sostenerlo más, se acabó Matilda, eres tóxica para mi vida. Lo siento, espero que la vida te vaya bien, de corazón. Adiós” y colgó.
El corazón de Matilda no pudo resistirlo y empezó a llorar desconsoladamente. Los demás viajeros la miraban impasibles, algunos incluso se cambiaron de asiento o vagón. En aquél momento el alma de Matilda estaba sola en aquél vagón. De repente un joven que se acababa de subir se acercó y viendo que a Matilda le costaba respirar con los mocos le ofreció un pañuelo. Ella lo aceptó con un escueto “mi madre ha muerto”.
“¿Necesitas un abrazo?” dijo el joven. Ella respondió rotundamente que sí y en los brazos de aquél desconocido liberó toda su pena. “Me llamo Dani” dijo él. Una vez ella se recompuso miró al joven y sin pensarlo le soltó “Si pretendes ligar conmigo vas en dirección contraria...”, pero antes de poder decir nada más Dani le cortó: “Sería un desalmado si me acercara para eso” y de repente la duda invadió la cabeza de Matilda:
“¿Qué quieres entonces?” Preguntó. “Tan sólo ayudar a alguien que está sufriendo, que aquí nadie tenga un poco de corazón no implica que no existan excepciones”.
Esa respuesta rompió todas las defensas de Matilda que se apoyó en el hombro de aquél joven sin decir nada durante un minuto. “He quedado con una amiga en Sant Andreu para tomar un café, ¿Te apetece venir y te desahogas bien?”.
Matilda no dudó en aceptar la propuesta a pesar que sólo le conocía desde hacía minutos, pero había mostrado más corazón que quien fuera su pareja. Llegados a su destino dejaron atrás el vagón y al subir a las escaleras Matilda volvió a mostrar su desconcierto: “¿Por qué haces esto?”, y Dani le contestó sonriente “Quiero cambiar el mundo”. Aquello le provocó una sonrisa, “No puedes cambiar a todo el mundo” le espetó ella y sin vacilar él respondió “Puede, pero una vez alguien dijo que para cambiar el mundo debes empezar por cambiar al hombre del espejo”. Matilda entendió a qué se refería y asintió, feliz de haberse cruzado con alguien que tuviera una actitud así. Ese día el Metro unió sus historias creando una eterna amistad.

Comentarios

  1. ¡Hola! Mucha suerte para todos los concursos que te presentes :). La verdad que me gusta como escribes y como te expresas :D. Así que ánimo ^^.
    Un beso desde Jardines de papel .
    ¡Nos leemos!

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