martes, 3 de enero de 2017

Te atreves a soñar (Cap.IV)

CAPÍTULO IV

Sonó el despertador y me acerqué a apagarlo. Ya llevaba despierto un buen rato y me había dado tiempo de vestirme y todo.

-Buenos días cielo. -Dijo mi madre cuando entré en la cocina. -Parece que te hayas acostumbrado a ser puntual y hasta levantarte antes de la hora. ¿Será que te estás haciendo mayor? Ja, ja, ja.
-La verdad es que últimamente descanso muy bien y me levanto con mucha energía.
-Eso es muy importante para poder compaginar los estudios con el trabajo, la motivación es básica para sacarlo todo adelante, me alegra mucho que te vaya tan bien, por fin pareces feliz y todo.
-La verdad es que sí.

Mi madre abandonó la cocina mientras yo desayunaba y al quedarme a solas le di vueltas a sus palabras. Sin esperarlo, mi nueva vida era realmente prometedora, tenía un trabajo con unos buenos compañeros y la carrera me estaba gustando mucho y tenía a Patricia que me ayudaba a tener aún más ganas.

No había día que no consiguiera hacerme reír y encima era muy inteligente. Era tan mujer y tan niña a la vez.

Al bajar del bus me fui al cruce donde cada día me encontraba con ella y a los pocos minutos allí apareció.

-!Hola Josh! -Exclamó mientras se acercaba 
corriendo y me abrazó.
Me quedé un segundo en blanco por el abrazo pero recordé lo dulce y cariñosa que era con todo el mundo y conmigo sobre todo.
-Hola enana. -Dije mientras le respondía al abrazo.
Al separarnos, me miró fijamente y me dio un pequeño golpe en el hombro.
-!Oye no me llames enana! -Dijo indignada. -Que sólo me sacas... medio metro o así.
A medida que salían las palabras de su boca le costaba más aguantarse la risa hasta que no pudo más y empezó a reírse sin freno. 
-¿Qué tal te va por el trabajo? ¿Todavía ni te han echado ni has roto nada?
-¿Tengo que reírme o algo? No me hagas hablar de quién es la torpe que se tropieza por la calle...
-Dime que no me viste el otro día... Dios que vergüenza. -Dijo totalmente ruborizada.
-Fue muy divertida tu reacción, casi te pegas una leche y te incorporaste mirando a los lados no fuera que alguien se riera de ti. Ja, ja, ja.
-Pues no listo, nadie se rió, la gente tiene un poco más de corazón que tu.- Decía ella mientras yo me intentaba contener la risa, aunque sin mucho éxito y como era de esperar me llevé el correspondiente golpe de Patricia en el brazo.
-¿Le estás pillando gusto a esto de pegarme o qué? Ya verás, luego llegaré al trabajo y me dolera tanto el brazo que no podré trabajar y me echarán la bronca...-Puse cara de pena ante lo que Patricia se quedó petrificada un segundo y me dio un abrazo corriendo.
-No digas eso, que ya sabes que yo no te quiero hacer daño, es que me sale solo el reaccionar así es cosa de...-Cuando se percató de que me estaba aguantando la risa otra vez se separó al momento.- Que jeta tienes, tú solo querías que te diera un abrazo y no sabías cómo pedirlo, normal, mis abrazos son adictivos.
-Claro... Es eso... ¿Bueno entramos ya a clase o qué hacemos?
-¿No estarás insinuando que nos saltemos la clase? Yo soy una niña buena que siempre...
-¡Para nada!- Exclamé interrumpiéndola.
-Pensaba. Serías una mala influencia Josh Farrow, y yo soy una señorita muy responsable que no quiere malas influencias que le lleven por el mal camino.

Justo antes de empezar a subir las escaleras apareció un chico que al vernos se dirigió inmediatamente hacia donde estábamos.

-¿Pero dónde vas alma de cántaro a estas horas? ¿No puedes estar cinco minutos sin fumar o qué? -Dije bromeando. 

Aquél chico era Lorenzo un compañero de clase con el que cada vez me llevaba mejor pero no soportaba una cosa de él, fumaba y mucho, siempre que había un parón entre clases o algo lo aprovechaba para ir a fumar.

-Un piti a estas horas siempre apetece.-Dijo sonriente.- Hola Patricia, qué calladita te veo.
-Será que la has asustado con tu cara y tus pelos sin peinar macho. Bueno tío te vemos arriba.
-Ah sí eso, no subáis porque el profe no ha venido y tenemos libre.
-¿Y si vamos al bar? -Soltó Patricia de pronto, la verdad es que cuando se ponía a pensar en sus cosas y no hablaba era fácil olvidarse de que estaba allí.
-Luego soy yo la mala influencia...
-Josh tú eres la peor influencia que hay en esta universidad. Si por ti fuera todo serían plantas y árboles...
Me quedé mirando fijamente a Lorenzo un instante y comprendió que ese tipo de bromas no me hacían mucha gracia.
-Bueno sean del tipo que sean, ¿a ti te gustaría un mundo lleno de plantas no? Pues ya está. Vamos para el bar anda que al final me voy a encender el cigarro aquí dentro.

La verdad sea dicha, más allá de la primera impresión que pudiera dar, Lorenzo era una persona peculiar pero magnífica sin duda, siempre se ofrecía a ayudar a todos y era trabajador a pesar de las apariencias, cierto es que el estar siempre fumando, a veces hasta porros, y lo descuidado que venía a veces podía dar una imagen de él equivocada, pero lo cierto es que valía la pena conocer gente así. Él y Patricia eran lo más parecido que tenía a amigos y me sentía muy bien estando con ellos sobre todo porque entre ellos también había muy buen rollo.

El tiempo con ellos en el bar volaba, casi sin darnos cuenta llegó la hora de ir a clase y nos tocó correr para no llegar tarde. No sería la última vez que me tocara correr por culpa de Lorenzo y su facilidad para llegar tarde.