Te atreves a soñar (Capítulo II)

CAPÍTULO II
Me levanté diez minutos antes de que sonara el despertador y tras lavarme la cara fui a la cocina a desayunar.
-Buenos días mama, buenos días Lucy.-Les dije todavía con cara de sueño.
-Buenos días tete.-Respondió Lucy.
-Buenos días madrugador, has vuelto a ganar al despertador eh.-Me dijo mi madre mirando al reloj de la cocina, tan solo eran las ocho y veinticinco.- El próximo día te levantas cinco minutos antes y te podrás despedir de tu padre.-
Tenía razón, desde que habíamos llegado a Barcelona me estaba levantando antes de que sonara el despertador, quizás por los nervios.
Mientras me sentaba a desayunar mi madre me preguntó:
-¿Tienes clara la hora a la que tienes que estar ahí?-
-Sí mama, a las diez menos cuarto aproximadamente.-
-Perfecto. Estoy muy contenta que hayas decidido estudiar en la Universidad de Barcelona, allí estudió tu padre y me ha hablado muy bien, esfuérzate y aprovecha esta oportunidad.
Esta era una gran ocasión para dejar atrás todo lo que había vivido y poder llevar este nuevo capítulo de mí vida por donde quisiera, eso me repetía mientras iba en el bus. 
Una vez allí encontré el lugar al que tenía que ir. Llevaba preparados todos los papeles en una carpeta y al llegar allí nos hicieron entrar en una clase mientras esperábamos que nos llamaran individualmente. El chico que había a mi derecha estaba jugando con el móvil y pese a que parecía mucho más joven que yo se le veía muchísimo más tranquilo que yo. Seguí mirando y me quedé mucho más tranquilo, había cuatro chicos que aparentaban mi edad más o menos, tres hombres adultos y dos mujeres que seguramente tenían más de treinta años, ya no era el más mayor tal y como había dicho mi clase. La verdad es que las caras engañan y a excepción de las chicas, que nunca sabes qué edad pueden tener, la clase tendría una media de dieciocho años. Una vez me llamaron me dieron un sobre en el que metí todo lo que tenía que entregar y acabé la matriculación y lo siguiente era hacerme el carnet de la universidad así que pasé a la sala donde se encargaban de hacerlos y traté de poner mejor sonrisa para el carnet. Una vez estuvo hecho lo miré y sonreí. 
Hace unos años ni siquiera yo hubiera querido mirar esa foto, la enorme cantidad de acné que tenía, el pelo rubio oscuro largo que llevaba y que casi siempre parecía sucio, mi manía de no sonreír por el hecho de llevar aparatos. Todo aquello había cambiado con el tiempo y con mi actitud, poco a poco el acné había desaparecido, me habían quitado los aparatos,  me corté el pelo y sobre todo lo cuidé mucho más, mi pelo recuperó el tono rubio claro que tenía de pequeño. Jamás me vería atractivo pero al menos conseguí algo clave en la vida, me acepté a mí mismo tal y como era y dejé de verme el monstruo que antes veía en el espejo. Gracias a la ayuda de mi madre me sentía feliz conmigo mismo y decidí que para devolverle el favor trabajaría  con ella en Line Up, nuestra empresa familiar de ropa, así que con el tiempo también empecé a vestir la propia ropa que vendía. Un cambio de look total.
Llegué a casa y saludé a mi madre con un gran abrazo.
-Qué bien sientan los abrazos de un universitario.-Dijo ella.
No había caído hasta ese momento. Ya era oficialmente universitario a pesar de no haber empezado aun las clases. Ya había empezado mi nueva etapa.
Con mi matriculación ya finiquitada, el mes de Julio pasó muy rápido llegó Agosto y yo sabía lo que eso suponía: volvíamos a Nashville de vacaciones. Por suerte era algo que se repetía cada verano desde 2010, cada año me volvía loco esperando a que llegara.
Así pues pasamos un mes junto a mis abuelos y la tía Kate y fue bastante agradable, un cambio necesario después de un año bastante estresante pero estar ahí ya como universitario me hacía sentir que todo el esfuerzo había valido la pena y quizás por eso la vida me regaló las increíbles noches llenas de estrellas que disfruté en el porche de la casa de tía Kate. 
El día treintaiuno de Agosto, mi vigésimo primer cumpleaños, fue uno de los más especiales de toda mi vida. Mi madre se curró un regalo increíble: una cámara de fotos profesional. ¡Aquello le debía haber costado una pasta! Además mi padre nos explicó lo que haríamos las dos próximas semanas y se trataba de un viaje por la zona norte de España, sitios donde seguro podría sacar muy buenas fotos. Viendo el gran resultado que había tenido aquellas vacaciones, mi padre nos prometió que siempre que el trabajo se lo permitiera intentaría enseñarnos los lugares más bonitos de España. Un gran verano en resumen. Pero esa no es la historia importante.
El día quince volvimos a casa y se acabaron las vacaciones para todos, pero en el fondo tenía ganas, de empezar la universidad, de descubrir sitios maravillosos donde ir en un futuro, de conocer gente nueva que pudiera ser como yo y… por empezar del todo esta nueva etapa.
Y con esas ganas empecé la carrera de Geografía el día dieciséis de Septiembre. Salí de casa muy puntual la verdad, puede que un poco demasiado, pero no quería jugarme llegar tarde el primer día aunque fuera de presentación, así que me tuve que esperar diez minutos a que llegara el bus que me dejara al lado de la facultad. Una vez llegué me guardé mis cascos en el bolsillo y me dirigí hacia la sala donde nos harían la presentación del curso. Allí vi varias caras que me resultaban conocidas, el chico que jugaba con el móvil, los hombres adultos… Tomé asiento y miraba el móvil cuando de pronto escuché una dulce voz que se dirigía a mí:
-Perdona, ¿Está libre ese asiento?-Dijo alguien señalando el asiento de mi derecha.
-¿Eh? Sí, claro.-Respondí tímidamente.
-Vale gracias, me llamo Patricia, encantada.-Dijo ella mientras se sentaba con una sonrisa.
-Yo me llamo Josh.-Le dije algo desconcertado.
-¿Josh? Que nombre tan peculiar… ¡Me gusta! ¿Tus padres te lo pusieron por ponerte algo diferente o porque sois de fuera?-
-Bueno, mi madre es de Estados Unidos y mi padre de aquí así que supongo que es un combo entre ambas opciones.¿Y tú? ¿Patricia por qué? ¿Hay algún motivo.-Dije queriendo hacerme el gracioso pero al momento me di cuenta de lo absurda que había sido aquella pregunta, por suerte ella soltó una carcajada.
-Pues te parecerá una chorrada pero es como una costumbre familiar… mi padre Pablo y mi madre Paloma, mi tía Pilar y su hermano Pau.-Dijo algo avergonzada como si esperaba que me fuera a reír de aquello.
-No creas que lo veo una chorrada, en mi familia pasa igual, mi abuelo se llama Kenny, mi madre Karen y sus hermanos Kurt, Kevin y Kate. Y a mí me querían llamar Kilian… menos mal que mi madre tuvo mejor criterio.-Le dije mientras me rascaba la cabeza. Durante un instante le miré a los ojos y me sentí perdido en su precioso tono verde claro, eran brillantes y parecían como si tuvieran vida propia y desprendieran vida. Parecía una chica muy risueña.-Por cierto, tienes unos ojos muy bonitos.-
 -Muchas gracias.-Dijo ruborizada.- Aunque no lo parezca yo soy muy tímida al principio y aunque luego sea muy alegre me cuesta bastante empezar una amistad, pero como aquí no conozco a nadie pues seguí el consejo de mi madre y me he buscado una persona que pareciera normal y simpática así para tener al menos una amistad, así que he pensado que si no te molesto...-
-¿Pero cómo me vas a molestar? Si pareces muy buena chica y muy alegre, además es todo un halago que me hayas considerado una persona normal y simpática con lo que hay hoy en día ja, ja, ja. Pero igual soy un psicópata y te acabo secuestrando.-Añadí cambiando mi tono a uno mucho más grave.
De pronto levantó la cabeza y me miró asustadísima y antes de que dijera nada me eché a reír y le dije:
-Que no, que es broma no te preocupes, ¿Cómo le iba a hacer nada malo a alguien tan adorable?-
Al instante se volvió a sonrojar pero esta vez mucho más que la anterior y cuando se disponía a responder entró el decano y cortó aquel momento tan extraño al empezar a explicar lo que sería el curso. Se pasó por lo menos media hora hablando sobre los profesores. Patricia me vio aburrido y me susurró al oído:
-Con suerte para cuando acabe de hablar solo habrán nacido tres generaciones de tortugas.-
Me reí mucho con el comentario, era realmente una observación muy inteligente puesto que las tortugas viven muchos años, el decano seguía a lo suyo mientras Patricia me amenizaba la mañana. Fue una suerte que esa chica se hubiera sentado a mi lado, me hizo reír muchas veces.
 Una vez acabó la presentación intenté ser simpático y le dije:
-¿Tú para dónde vas? Yo tengo que coger el bus así que si tienes que ir para el metro te puedo acompañar.-
-¡Oh qué mono eres! Pues sí, yo cojo el metro, tengo que ir hasta La Sagrera.-
 -Si te soy sincero no tengo idea de donde está, llevo aquí desde Julio  y no me conozco apenas ni mi barrio.-
-¿Has venido este año de Estados Unidos? ¿De dónde concretamente?-
-Pues resulta que…-Empecé a decir cuando de pronto me interrumpió.
-Pero mira que soy cotilla ja, ja, ja. Si hay algo que no quieras responder no tienes por qué hacerlo eh, bueno ya hemos llegado al metro mañana nos vemos.-Me dijo con una gran sonrisa.
-Sí.-Dije al instante- Mañana ya te cuento, gracias por amenizarme la mañana Patricia.-
-Oh. Gracias a ti Josh por haber sido tan simpático conmigo y haberme aguantado, por cierto llámame Patri, adiós.-Dijo y empezó a bajar por las escaleras mecánicas.
Me quedé observando cómo se iba haciendo más pequeña a medida que se alejaba y una vez la perdí de vista puse rumbo a la parada del bus. 
Ya en casa saludé a mi madre y le pregunté por su mañana:
-¿Cómo te ha ido la mañana?-
-Bastante tranquila, después de dejar a Lucy en su colegio no he tenido apenas trabajo y me he podido venir pronto y he preparado la comida.-
-¿Le ha costado mucho a Lucy?
 -No, ha sido muy valiente, es muy madura para sus diez años… recuerdo cuando alguien que yo me sé tuvo su primer cambio de colegio más o menos a su misma edad y su reacción fue de todo un festival de lloriqueos y quejas…-Dijo ella recordando en broma lo duro que fue para mí la primera vez que me cambiaron de colegio. 
-Qué graciosa eres eh… Hace mucho de aquello y te aseguro que no es lo mismo, yo había vivido diez años en otro país, en un país totalmente diferente, donde hablan una lengua diferente a la de aquí, el cambio fue radical y tenía miedo…-Intenté justificarme con mi madre pero antes de que pudiera añadir nada más me interrumpió con una carcajada enorme:
-Ja, ja, ja, ¿Te sigues picando cada vez que te comparo con alguien y sales perdiendo? Desde luego te sigue costando soportar las bromas eh. Ríete más, la vida te irá mejor.-
-Ya lo sé mama, lo único que digo es que…-Dije hasta que mi madre me volvió a interrumpir:
-Que no es lo mismo… Ya lo sé y sé que siempre usas frases así. Bueno acaba de comer y recoge los platos, yo me vuelvo a trabajar, acuérdate de recoger a Lucy, llevarla a casa de sus abuelos y vente a la tienda.
Tras acabarme la comida me eché un rato en la cama a descansar y a repasar lo vivido hasta el momento.
Solo había empezado la universidad, de hecho ni siquiera había empezado, solo había sido la sesión de introducción pero me había servido para hacerme una pequeña idea de cómo iría todo y bueno, aquella chica, Patricia, me había llamado mucho la atención, al principio parecía la típica chica que no hace más que hablar de lo que sea y que ha metido en esta carrera por hacer algo, pero me equivoqué por completo, era una chica muy culta, podía hablar mucho pero era muy tímida, lo hacía para no sentirse sola, para que el primer día tuviera la seguridad de tener alguien con quien poder hablar. En cierto modo yo también me alegré mucho de tener alguien con quien juntarme los primeros días.
De repente sonó la alarma y miré el móvil; ya era la hora de ir a recoger a Lucy, el tiempo había pasado volando así que me fui a por ella.
Una vez llegué a la puerta del colegio sentí como la marabunta de padres gritando el nombre del niño al que venían a buscar. Me paré un segundo y vi a Lucy muy tranquila al lado de su profesora y sin prisa alguna se dirigió a ella diciéndole que yo había venido a buscarla. Cuando nos alejamos de aquél alboroto me agaché a abrazarla, me dio un beso en la mejilla y me dijo:
-Hola tete, ¿Cómo te ha ido el primer día de universidad?-
-Muy bien.-Respondí sorprendido por la pregunta, Lucy solo tenía diez años pero era una chica muy espabilada, siempre dejaba a todos atónitos con sus preguntas, quería saber y entender todo lo que pasaba a su alrededor.- ¿Y a ti cómo te ha ido Lucy?-
-Bueno ha sido un poco aburrido, los demás son muy infantiles y en el patio no me dejaban leer tranquila con sus gritos.-Respondió con total naturalidad, me encantaba ver que Lucy le gustara tanto leer.
-A ver Lucy ahora te llevaré a casa de los yayos pero primero vamos a merendar, ¿Qué te apetece que te compre? ¿Donuts? ¿Cruasanes? –Le dije a la vez que pasábamos por la puerta de una panadería.
-¿Y no podría ser uno de cada?-Me preguntó poniéndome cara de pena, como siempre hace cuando quiere algo, y ante eso no me quedó otra alternativa que asentirle con la cabeza así que entré en la panadería a comprar la merienda.
En eso también se parecía a mí, por desgracia, como dice mi madre: “Ya tenía suficiente con dar de comer a un Josh y ahora tu hermana es como tú y tengo dos zampa dulces”.
-Oye Josh.-Dijo Lucy como si esperara que le contestara para poder preguntarme algo.
-Dime.-Dije.
-¿Los yayos a los que voy a ver hoy los conozco?-Preguntó.
-Sí que los conoces pero hace mucho tiempo que no los ves, hace ya cuatro años vinieron a vernos pero desde entonces no han podido venir más porque el yayo está mal de la rodilla y no puede conducir ya.-Respondí.
-¿Y ellos son los padres del papa no?-
-Exacto, recuerda que tus otros yayos, los padres de la mama están en Nashville. 
Seguimos andando unos pocos metros más y llegamos a casa de mis abuelos-
Piqué al timbre y nos abrieron y una vez ya saludé a mis abuelos me dirigí a despedirme de Lucy:
-Pórtate bien y no les des mucho trabajo a los yayos, ah y no les pidas comida porque ya has merendado, que te conozco.-
-¡Eh, eso no se vale chivato!-Dijo ella justo después de girarse a mirarme con cara de haberle robado el alma.
-Bueno no pasa nada, como llevaba tanto sin verte te he preparado galletas, si te portas bien te daré alguna.-Dijo mi abuela mientras hacía pasar a Lucy que se giró para sacarme la lengua burlándose.
-Abuela me voy que me esperan en la tienda.-Le dije mientras le daba un beso en la frente y me fui.
Mientras bajaba las escaleras miré mi reloj y vi que iba muy justo de tiempo así que me apresuré para no llegar tarde.
Cuando llegué vi a mi madre dando vueltas colocando productos por la tienda y cuando me vio entrar me dirigió una mirada asesina a la vez que señalaba con el dedo índice su reloj.
-Lo siento, he tenido que comprarle merienda a Lucy y no he podido llegar antes.-Dije excusándome.
-No pasa nada, Karen no seas tan dura con el chico que solo es su primer día.-Dijo una mujer que pasó por allí con una caja llena de ropa.
-Por eso mismo Leire, que si ya llega tarde el primer día no quiero pensar que pasará los demás días.-Replicó ella.
-Tranquila ya me encargaré de que ni se le ocurra llegar tarde.-Dijo Leire guiñándome un ojo.
-Bueno Josh ella es Leire, la encargada de la tienda, o sea, tu jefa, y una de las cosas que más valora es la puntualidad.-Me dijo mi madre.
-Encantado Josh, espero que te guste trabajar aquí. Ya verás que nuestra filosofía de trabajo familiar te será muy útil, entiendo que estás estudiando y que algunos días tendrás que ausentarte pero para ello tendrás que ganártelo, todos los empleados somos una familia y por ello nos echamos una mano siempre que uno de nosotros lo necesita, pero para ello hace falta compromiso y dedicación. Seguro que no deshonrarás tu apellido.-Me dijo tras estrechar mi mano.
-Encantado yo también Leire, normalmente no tengo que recoger a mi hermana pero...
-No te preocupes, tu madre me ha avisado de que seguramente llegarías un poco tarde, a mí también me ha pasado a veces con Nico.
¿Nico? Por un momento me quedé parado mirando fijamente a Leire, ¿Sería Nico su hijo? Leire no aparentaba más de veinticinco años, era una joven muy guapa, con un rubio oscuro y unos ojos azules muy bonitos, pero igual había tenido un hijo siendo joven o quizás tenía más años de los que parecía. Mi cara de sorpresa debió ser percibida por Leire que rápidamente se encargó de disipar mis dudas.
-Nico es mi sobrino y a veces tengo que ir a buscarlo al colegio, no te asustes que seguro que has pensado que era mi hijo, pero no, soy demasiado joven para ser madre, me queda mucha vida por disfrutar. Por cierto, ¿Cuántos años me echas?-Me preguntó con cara de estar segura que fallaría.
-¿Veinticinco?-Dije tímidamente con miedo a pasarme.
-Veintidós.-Respondió ella con una enorme sonrisa.-Me encanta que la gente me eche más años de los que tengo, me pasa muy a menudo y por eso hago mucho la broma de hablar de Nico como si fuera mi hijo para ver cómo reaccionan los demás.-Explicó ella.
-Todo tuyo Leire, yo me voy a arreglar unas cosas, porque sea mi hijo no le libres del trabajo duro eh, la jefa aquí eres tú. En fin iré viniendo de vez en cuando, cuídate guapa.-Dijo mi madre y se despidió de Leire con dos besos mientras que a mí me lanzó una mirada que seguramente quería decir: “demuéstrame que ya eres mayor”.
Para empezar la jornada Leire me presentó a los demás: Lucas, Meritxell, Lorena y Nerea, todos ellos vestidos de los pies a la cabeza con ropa de la tienda, la gran mayoría de la nueva colección, y llenos de piercings y tatuajes. Me sentía muy diferente a ellos la verdad, yo también usaba ropa de “Line Up” pero yo usaba algo más discreto por así decirlo. Tras haberme presentado a todo el equipo se acercó y me dijo:
-Ah, por cierto, antes empezar creo que deberías cambiarte, no quiero que pienses que no me gusta tu estilismo, es más, me gusta, pero a los empleados se nos exige que llevemos todos la ropa del staff para que nos puedan reconocer, así que busca tu talla y a trabajar.-
La tarde fue muy tranquila, me enseñaron el funcionamiento de la caja y los otros conceptos básicos que me hacían falta y no tuve apenas trabajo, toda la gente que vino era únicamente para hablar con Leire así que al acabar la jornada me fui a hablar con ella:
-¿Te ha quedado todo claro? ¿Tienes alguna duda?-
-No, no, lo tengo todo muy claro, lo que venía a preguntarte es que he visto que no ha entrado ningún cliente y los que han entrado lo han hecho para hablar contigo sin comprar nada.-Dije extrañado.
-Normal, la tienda no está abierta aún, la apertura es este viernes y las personas que han venido a verme son los distribuidores, mañana nos traerán todo lo que nos falta y lo tendremos listo para la inauguración. Te aviso, vendrá mucha gente así que nos tendremos que quedar todos hasta el cierre así que no hagas planes.-Me explicó Leire mientras recogía sus cosas. 
-Vale perfecto, nos vemos mañana pues.-Dije mientras dejaba todo en su sitio y justo cuando me disponía a salir por la puerta Leire me llamó:
-Oye espera, ¿Quieres que te lleve a casa?-
-No hace falta, ya has hecho suficiente por mí.-Le respondí con una sincera sonrisa.
-Que va si no es nada, va que te llevo y así ya me apunto donde vive la jefa por si algún día tengo que ir a quejarme de ti.-Volvió a bromear Leire.
-Bueno vale, pero no corras mucho que me gustaría poder trabajar de pie.-Bromeé.
-Tienes razón, no pasaré de dos cientos por hora.-Añadió ella en un tono burlón.
Una vez lo dejamos todo recogido cerramos la tienda y nos subimos en el coche de Leire que estaba aparcado en la acera de enfrente.
-A ver dime tu calle a ver por donde me va mejor tirar.-Dijo Leire.
-Pau Clarís treinta y seis. –Respondí.
-Ah bueno está aquí al lado, si no hay caravana estaremos en cinco minutos allí.-Dijo mientras sacaba el coche del aparcamiento.-Enciéndeme la música porfa.
Así lo hice y empezó a sonar un Bruno Mars.
-¿Siendo americano como lo eres supongo que sabrás quién es Bruno Mars no?-Preguntó Leire.
-Claro que lo conozco, no suelo escuchar mucha música pop pero me conozco bastantes canciones suyas, es un buen cantante.-Respondí sin demasiado entusiasmo.
-¿No escuchas mucho pop? ¿Entonces qué? ¿House? ¿Rap? ¿Rock?-Preguntaba  hasta que le interrumpí:
-Country.-
-Mmm vaya sorpresa-Dijo Leire.-Ale ya hemos llegado, se me ha hecho muy corto el trayecto, espero que te hayas sentido cómodo con nosotros y que mañana vengas con muchas ganas de trabajar, cuídate guapo.-
 Me dejó en la esquina de mi calle y tuve unos segundos hasta llegar a mi portal para reflexionar sobre el día, una de las cosas que más me llamaba la atención era lo mucho que sabía Leire sobre mí, era normal que siendo mi madre la jefa le hubiera hablado un poco de mí pero aquello parecía algo fuera de lo normal, ¿Estaría Leire interesada en mí? Bah lo dudo mucho, pensé, ella era una chica muy atractiva pero totalmente diferente a mí, no pegaba con un chico como yo, quizás me estaba precipitando mucho con las sensaciones que estaba teniendo en mi primer día, primero con Patricia y luego con Leire, no tenía sentido ya que me acaban de conocer y era una estupidez pensar en eso.
Una vez en casa me senté en el sofá y me di cuenta del verdadero esfuerzo que había hecho cuando quise levantarme y el cansancio me lo impidió. 
-Bienvenido al duro día a día del trabajador.-Dijo mi madre y me dio la mano para levantarme. -¿Cómo te ha ido? ¿Te han recibido bien los compañeros no?-
-Muy bien, agotador pero muy bien. Sí, la verdad es que son todos majísimos, sobre todo Leire. Tiene mucho tacto con nosotros y es muy alegre.-Respondí.
-No me extraña que te hayan caído bien, son un grupo muy acogedor y Leire… Leire es una bendición como encargada y como persona, es la primera empleada que contratamos, es la alegría de la huerta y es la perfecta representación de nuestra tienda, además ya ni hablemos de lo bien que le sienta la ropa. Es un cielo ya lo verás con el tiempo.- Explicó mi madre.-Vamos a cenar ya, ¿podrías subir una barra de pan?-Me pidió mi madre.
 Así que puse la chaqueta y me fui a por ello. La brisa nocturna me sentó realmente bien, aguanto bastante bien el calor pero aquel día hacía mucho, o quizás era el darle vueltas al tema lo que me daba la sensación de que el calor fuera agobiante. Subí el pan y cenamos en un silencio más propio de un cementerio que de una cena, pero era comprensible debido al cansancio y hambre que teníamos todos. Al acabar de recoger mi plato me fui a la habitación y me dejé caer de golpe en la cama y me puse a mirar el techo hasta caer dormido en un profundo sueño.

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